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viernes, 11 de noviembre de 2016

Patrimonio Familiar

Tenemos demasiadas cosas.
Las casas, las habitaciones, las estanterías, los armarios. Todo está a rebosar y prácticamente el noventa por ciento de esos chismes no son de uso diario. ¿Cuántas veces al año usamos el costurero, los patines, la heladera, las acuarelas o la máquina de coser?
Estoy segura de que no es sólo en mi casa. Si lo pensáis bien, cada año acumulamos, por pena o por el pequeño síndrome de diógenes en potencia que todos llevamos dentro, cantidad de cosas innecesarias.

Yo personalmente me di cuenta cuando me fui a Nerja. Allí me planté con una maleta llena de ropa, una mochila, un par de libros y un portátil. Y no necesitaba nada más. Durante dos meses viví sin necesitar la cantidad de cosas que me esperaban en casa y que ahora, cinco meses después, sigo sin haber utilizado ni una vez.

Por eso, si pienso en la herencia que algún día dejaré a mis descendientes o en la que en algún momento pueda llegar a recibir, no me gustaría nada material. La receta que hoy os traigo es un bien heredado que nos llegó de forma transversal. Cuando yo nací mis padres vivían puerta con puerta con otra familia que llegó a ser una extensión de la nuestra.

La matriarca, Mercedes, era otra abuela para mi. Ella me dio a probar por primera vez los canelones convirtiéndolos en uno de mis platos favoritos. Aunque sin duda lo que mejor recuerdo de aquellos años es el olor de aquella casa. No olía a nada especial pero está grabado a fuego en mi memoria, el olor de Villa Rodrigo era el olor del hogar.

El caso es que hace unos años mi madre le pidió a Mercedes su famosa receta de las rosquillas de anís. Ella le dijo que fuese a su casa y que ella misma le enseñaría a hacerlas. Su marido, Manuel, le escribió la receta a mano con una letra de maestro de los de antiguamente y entre las dos prepararon una gran cantidad de deliciosas rosquillas.

Hoy la receta es nuestra y desde aquí la comparto con vosotros en lo que es ya parte de mi patrimonio familiar.



Rosquillas Mercedes (30 uds)

- 1.5 L Aceite de Oliva
- 1 Naranja
- 1 Limón
- 3 Huevos
- 1 Taza Azúcar
- 1 Taza Anís
- 1 Taza de Leche
- 1 Sobre Levadura en Polvo
- 1 Kg Harina de repostería
- Pizca de Sal
- 2 Cdtas. Canela en polvo


- Pelamos el limón y la naranja con cuidado de no llevarnos la parte blanca.

- Ponemos el aceite a calentar con las pieles.

- Cuando humee, lo retiramos del fuego y dejamos enfriar.


- En un bol grande, ponemos los huevos y los batimos junto con el azúcar.


- Después añadimos el anís y la leche sin dejar de batir.


- Del aceite que habíamos calentado sacamos una taza y lo echamos también.


- Añadimos la levadura y la harina tamizadas en tandas, poco a poco, según lo vayamos integrando en la masa. Echamos también una pizca de sal y removemos primero con unas varillas y después con una cuchara de madera. Nos quedará una masa pegajosa y elástica.


- Ponemos de nuevo el aceite a calentar, retirando primero las pieles y reservando media taza por otro lado.


- Para formar las rosquillas, nos mojamos las manos en el aceite que hemos reservado y cogemos una bola de masa del tamaño de una pelota de ping-pong.
Le damos forma y con el dedo hacemos un agujero en el medio.



- Cuando el aceite esté bien caliente las vamos echando dejando que se doren un par de minutos por cada lado.


- Una vez fritas las sacamos a una bandeja con papel absorbente y nada más escurrirlas las pasamos a un plato con azúcar y canela en el que las rebozaremos bien por los dos lados.


¡Y ya tenemos listas nuestras deliciosas rosquillas de anís!


Salen un montón y son muy entretenidas de hacer, ¡merece la pena!


Lo mejor es trabajar en cadena, hacerlas en familia, en fin de semana, en el acogedor calorcito de la cocina. Desde luego el buen rato te lo llevas y la merienda también.

Mi madre, mi abuela y yo, haciendo rosquillas

Además aguantan unos días perfectamente en un recipiente bien cerrado aunque seguramente no os duren tanto...


Espero que os animéis a prepararlas y que esta receta llegue a formar parte de vuestro patrimonio familiar.


¡Nos vemos pronto!

Besos dulces,

Boira

sábado, 21 de noviembre de 2015

Muffins de Arándanos

Hoy vengo a publicar in extremis, agobiada y sin parar. Y no me gusta, porque para mi esto es algo que hago porque quiero, y cuando se me echa el tiempo encima y no me da tiempo a hacerlo todo según lo tengo planeado y organizado, me cabreo... ¡qué le voy a hacer!

No se cómo me las apaño, pero entre clases, gatos, tartas, gatos, apuntes, gatos, exámenes, gatos, trabajos y más gatos... ¡no doy para más!



El caso es que ya pensaba que no iba a poder encontrarme hoy con vosotros y llevo todo el día con un no se qué por dentro molestándome todo el rato. Y mira por donde, aquí estoy, con una receta que hice hace unos días, que no pensaba traeros aún, pero que me salva el culo y me permite pasar por aquí aunque sea solo un ratín.


Son unos deliciosos muffins de arándanos como los de starbucks. Si no encontráis arándanos o no os hacen mucha gracia podéis sustituirlos por fresas, frambuesas... ¡lo que queráis!


Muffins de Arándanos (9 uds)

- 85 g Mantequilla
- 115 g Azúcar
- 170 g Leche
- 2 Huevos
- 1 Cdta. de Vainilla
- 230 g Harina
- 3 Cdtas. de Levadura Royal
- 1/2 Cdta. de Sal


- Lo primero de todo es hacer esa cobertura que llevan por encima. Es un topping a base de mantequilla (25g), azúcar (25g), harina (50g) y media cucharadita de levadura. Con unos tenedores trabajamos la mezcla hasta que esté todo bien integrado.


- Quedarán como unas migas que reservaremos en la nevera.


- Por otro lado, preparamos los moldes con los papeles para hornear. Los muffins son más grandes que los cupcakes y las magdalenas, como veis en esta foto. Lo suyo es que escojáis moldes grandes para que queden gigantes.


- En un bol grande mezclamos con unas varillas los huevos con el resto del azúcar y la mantequilla a temperatura ambiente.


- Después agregamos parte de la harina, la leche con la vainilla disuelta y el resto de la harina junto con la levadura y la sal. Por último añadimos los arándanos. Podéis reservar algunos y ponerlos por encima antes de hornear.



- Repartimos en los moldes y espolvoreamos con el topping de mantequilla y azúcar.



- Horneamos unos veinte minutos a 180º con el horno precalentado.


Dejamos enfriar y ... ¡al ataque!


Son la merienda perfecta.


El desayuno de ensueño con una gran taza de café.


¡Vamos, perfectos para cualquier momento del día!


Espero que los probéis y los disfrutéis.

¡Nos vemos pronto!

¡Besos dulces con sabor a arándanos!

Boira

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Siempre es buen momento para comerse un croissant

París no se acaba nunca.


Es la ciudad del amor, de las luces, de la moda, de los museos y cafés, de los paseos por sus largos bulevares, de las cientos de películas que la han retratado.


París es siempre una buena idea. Es la ciudad a la que siempre planeo ir. Siempre es buen momento para visitar París.

Mi primera vez en París

De todas las veces que he podido visitarla, creo que la última fue la más especial, hasta la fecha, al menos. Fui con dos amigos y estuvimos una semana en un apartamento. Durante aquellos días con Pilar y Bruno, vi una cara de París que nunca me había parado a contemplar: pude ver la ciudad de otra manera, me gusta pensar que como parisina. No visité el Louvre, como las otras veces, ni volví a subir a la Torre Eiffel. Lo que sí hice por primera vez fue pasear sin prisas por la ciudad, pararme a tomar tantos cafés como pude, visitar sitios menos turísticos y tan bellos como los mas conocidos, seguir la pista de Serge Gainsbourg por toda la ciudad, comer tanto queso, vino, crepes y croissants como pude. Respirar y disfrutar París. ¿Se te ocurre algo mejor?

Misma foto, años después
En el barrio de Belleville, donde estaba nuestro apartamento, Bruno nos subía cada día unos deliciosos croissants recién hechos en una patisserie muy cercana. Nunca los he vuelto a probar iguales y seguramente hasta que no vuelva por allí no los probaré.

El croissant sin duda es uno de mis dulces favoritos, por no decir el que más. No es que sea yo muy exquisita, la verdad, me vale cualquiera que esté medianamente decente.

Últimamente me ha dado por prepararlos a mi, con hojaldre del que venden hecho a falta de aprender este mismo año a prepararlo yo.

Aquí os paso dos propuestas, una salada y otra dulce que podéis prepara como merienda o para cenar o... para cualquier momento del día! Porque siempre es buen momento para comer un croissant.


Croissants de jamón, queso y finas hierbas

- 1 Plancha de hojaldre
- 3 Lonchas de jamón serrano
- 50 g de Queso crema finas hierbas
- 1 Huevo
- Una pizca de azúcar


- Picamos el jamón con unas tijeras.

- Estiramos el hojaldre con ayuda de un rodillo. Es importante no manipularlo mucho y hacerlo rápido porque cuando coge temperatura se vuelve pegajoso y difícil de trabajar.


- Con un cortador de pizza, hacemos triángulos como veis en la foto.


- Ponemos un poquito de queso en la base de los triángulos y encima un poquito de jamón.


- Enrollamos el triángulo como veis en la foto y lo dejamos en una bandeja de horno con papel para hornear.




- Cuando los tengamos todos, pintamos con huevo batido y echamos por encima un poquito de azúcar.


- Horneamos a 180º durante unos 15 minutos, hasta que estén dorados.


¡Cuidado que queman!
Obviamente los podéis rellenar de otras cosas, pero esta es la combinación que más me gusta a mi y os garantizo que he probado varias...




Los croissants dulces que os traigo están rellenos del relleno de los bollos de canela, ¡¡¡un dulce típico sueco que está delicioso!!! Alguna vez os traeré la receta pero, entre que es un poco laboriosa y requiere amasado, de momento nos conformamos con esta increíble combinación...


Croissants rellenos de amor

- 1 Plancha de hojaldre
- 60 g de Mantequilla
- 60 g Azúcar Moreno
- 2 Cdtas. de Canela en polvo
- 1 Huevo
- Una pizca de azúcar


- En un bol trabajamos la mezcla de mantequilla, azúcar y canela.


- Lo ideal es que la mantequilla lleve un rato fuera de la nevera, pero que tampoco esté demasiado blanda.

Esto es puro amor

- Por otro lado, estiramos el hojaldre con un rodillo y extendemos la mezcla de la mantequilla, azúcar y canela con una espátula.


- Hacemos triángulos con un cortador de pizza y enrollamos para hacer los croissants.


- Pintamos con huevo batido y espolvoreamos con azúcar.


- Horneamos 15 minutos a 180º, hasta que estén dorados. Durante el horneado se saldrá algo de mantequilla por los laterales de los croissants, no pasa nada: el azúcar y la canela se quedan dentro y están.... ¡De muerte!


En fin, os dejo con antojo de croissants y de París. Lo primero tiene remedio: en el súper encontraréis el hojaldre.


Lo segundo... también, que no está tan lejos y París siempre es una buena idea.

¡Nos vemos pronto!

¡Besos!

Boira