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domingo, 19 de marzo de 2017

La Bella Italia. Parte II

Recuerdo perfectamente la primera vez que probé el pesto.


Fue en uno de los Cien Montaditos; no sé muy bien por qué me dio por pedirlo aquél día: tomate, queso de cabra y pesto en pan de cereales.

¡Flechazo!

Entonces me pregunté cómo era posible que nunca hasta ese momento hubiese probado semejante manjar. Entonces empezó la obsesión por esta salsa verde que de primeras puede provocar rechazo pero que una vez le das una oportunidad genera adicción.

Y es que cuando uno abre la carta de un restaurante italiano, se podrá dudar un poco, pero casi siempre nos acabamos decantando por las que parecen las estrellas de cocina italiana: carbonara o bolognesa.

El pesto, la putanesca y otras salsas parecen relegadas a un segundón plano que casi nunca nos da por explorar.

¿Esto sólo me ocurre a mi?

Por eso el pesto fue la típica lección de madre:

"Pruébalo; ¡si no lo has probado cómo vas a saber si te gusta o no..!"

Y es que en la gastronomía, al final, si nos dedicamos a comer siempre lo mismo, estaremos dejando pasar oportunidades perfectas para sorprender nuestro paladar.

Al fin y al cabo de eso se supone que va esto, ¿no? De disfrutar comiendo, lo de siempre y lo nuevo. Que ni toda la comida italiana son macarrones bolognesa ni en España hacemos solo paella.

La receta que os traigo hoy, no obstante, era éxito seguro basándome en mi propia experiencia: Pan. Pesto. Pan con Pesto. Pan de Pesto.

¿Se os ocurre algo mejor?


Pan de Pesto

- 465g Harina de Fuerza
- 260ml Agua Templada
- 1/2 Cdta. Sal
- 25g Levadura Fresca
- 30ml Aceite de Oliva


- En un bol grande ponemos la harina mezclada con la sal. En el medio incorporamos el agua templada con la levadura disuelta y por último el aceite de oliva.


- Cuando tengamos todos los ingredientes mezclados, lo volcamos sobre la encimera enharinada y amasamos durante veinte minutos hasta que la masa esté elástica.


- Dejaremos reposar en un sitio templado, tapado, hasta que doble el volumen; yo lo dejé un par de horas.


- Mientras tanto hacemos el pesto como os conté aquí.

- Una vez haya doblado el volumen dejaremos salir el aire de la masa y la extenderemos sobre una superficie enharinada con ayuda de un rodillo.


- Extendemos el pesto por encima y lo enrollamos como un brazo gitano.


- Es el momento de darle la forma: echadle imaginación. Yo lo corté a la larga con unas tijeras y he entrelazado las dos partes.


- Lo dejamos reposar una media hora sobre un papel de horno mientras precalentamos el horno.


- Horneamos a 200º durante 25 minutos o hasta que se dore.

¡Y ya tenemos listo nuestro delicioso pan de pesto!


Que me perdonen mis profesores de pastelería y panadería pues no sé si es exactamente un pan en el sentido ortodoxo de la palabra pero está buenísimo.


Es ideal para tomarlo tal cual, para dipear, para acompañar...


Y sobre todo para gozar del propio pesto.


Espero que os animéis a hacerlo en casa y me contéis qué tal.


¡Nos vemos muy pronto!

¡Besos dulces!

Boira

viernes, 4 de noviembre de 2016

Tiempo de setas

Siempre me ha gustado leer. Desde pequeña esta afición creció conmigo y yo con ella, rodeada de libros. Con ellos he vivido cantidad de aventuras, he viajado, soñado y he crecido hasta convertirme en la persona que soy ahora.
Uno de los primeros libros que me regalaron fue Veva, de Carmen Kurtz, que aún conservo con gran cariño.

Pero antes de ese, mis padres ya me leían una gran variedad de cuentos clásicos antes de ir a dormir: Los tres cerditos, Caperucita Roja y El gran libro de fábulas de Esopo abrieron mi mente y me enseñaron muchas cosas muy útiles a pesar de mi corta edad.

Muchos de esos cuentos transcurren en bosques, más o menos oscuros o floridos. Y, a pesar de vivir en un pueblo con digamos bastantes zonas verdes, los bosques siempre me han llamado especialmente la atención. De niña los dibujaba, ubicaba allí los juegos de mis muñecos y hasta soñaba con ellos.

Uno de los seres más típicos y que siempre busqué de pequeña son los gnomos. Seguramente lo más jóvenes no lo recuerden, pero los que rondéis la treintena, como yo, tendréis un recuerdo muy vívido en la cabeza del genial David el Gnomo. Aquella serie de dibujos animados nos transportaba al interior de los bosques más profundos, con toda su magia y su naturaleza en su esplendor.


Aquél pequeño y a la vez gran personaje nos dio lecciones de todo tipo y nos enseñó valores como a respetar a los animales y a la naturaleza. Con todos mis respetos y a pesar de que pueda parecer octogenaria, ya no se hacen dibujos animados como los de antes.


El caso, que os cuento todo esto porque es tiempo de setas. Y yo pienso en setas y en seguida me viene a la cabeza David el Gnomo y todos aquellos cuentos clásicos y series de televisión que transcurrían en bosques, entre árboles, ríos, criaturas mágicas y boletus de todas clases.

La receta que hoy os propongo es un risotto de setas, un plato delicioso, muy de esta época y además uno de mis favoritos.



Risotto de Setas (2 pax)


- 180 g Arroz Arborio
- 1 L Caldo de verduras
- 150 g Champiñones
- 150 g Setas Portobello
- 100 g Cebolleta
- 75 g Mantequilla sin sal
- 50 g Parmesano
- 100 ml Vino blanco
- 2 dientes de Ajo
- AOV
- Sal y pimienta negra


- Lo primero es limpiar bien las setas y los champiñones y cortarlos en rodajas. Hacemos lo mismo con los ajos.


- En una sartén con un fondo de aceite de oliva caliente, doramos los ajos con cuidado de no quemarlos y añadimos las setas. Salpimentamos. Poco a poco irán perdiendo agua; cuando este reduzca, las apartamos del fuego y reservamos.


 - Ponemos el caldo de verduras a calentar y mientras tanto pelamos y picamos fino la cebolleta.

- En una cacerola grande ponemos 50 gramos de mantequilla y dos cucharadas de AOV. Cuando esté caliente, pochamos la cebolleta a fuego lento, removiendo de vez en cuando.


- Una vez la tengamos pochada, añadimos el arroz de golpe, rehogamos bien y añadimos el vino blanco. Con el fuego fuerte, removeremos constantemente para que se evapore el alcohol.


- Incorporamos las setas.


- Es el momento de añadir el caldo caliente poco a poco: echamos un par de vasos y removemos bien. Cuando se evapore repetimos la operación hasta que el arroz esté listo. Depende de la marca y del tipo de arroz puede tardar entre 18 y 25 minutos. El resultado es un arroz cremoso, nada duro pero tampoco pasado.


- Apartamos del fuego y añadimos el resto de la mantequilla y el parmesano.



¡Y ya tenemos listo nuestro delicioso risotto de setas!


Como veis, es un plato vegetariano, muy rico y sano.


Acompañadlo con una buena botella de vino y disfrutad del otoño en vuestra boca.


Me despido ya. ¡Que disfrutéis del fin de semana!

¡Besos dulces!

Boira

viernes, 11 de diciembre de 2015

La Bella Italia

Llevo literalmente meses con unas ganas tremendas de volver a Italia.
Italia es un poco como lo que hablamos de Nueva York, un país increíble que todos conocemos por el cine, la televisión, la literatura. Bien, no he visitado aún NY, pero puedo aseguraros que Italia es mucho mejor de como la pintan.


La primera vez que la visité fue en 2003. Viajé con mis padres y unos amigos en coche, desde Aranjuez. Si. Fueron dos días interminables de carretera y paisajes de ensueño. Y cuando llegamos a Montecampione nos esperaba la traca final: una estación de esquí casi vacía en pleno estío. ¡A cada momento esperaba encontrar a las adorables niñas de El Resplandor por cualquier pasillo desierto!


Desde allí nos movimos en coche por gran parte de la península: Milán, Venecia, Florencia, Bérgamo... Kilómetros y kilómetros a nuestras espaldas, que siempre volvíamos a dormir a Montecampione.



La segunda vez, en 2007, visité Roma. La verdad es que no me hacía demasiada ilusión aquél viaje, estaba muy liada con la carrera en ese momento y no pude ni prepararlo. Pero sin duda Roma me dio una lección nada más pisarla y resultó ser una de las ciudades más bellas que he visto nunca.


Cada rincón entre las callejuelas del Trastévere, cada fuente, cada iglesia que visité, el Vaticano... La ciudad en sí es una auténtica obra de arte esperando que la descubras.


En esta ocasión pude disfrutar la gastronomía italiana más a fondo y disfruté... ¡como en mi vida! No creo que haya un lugar en el mundo en que se coma mejor que allí. Pastas, de todo tipo, salsas, queso, vino, ¡¡¡pizza, amor de mi vida!!! Cada plato es aún mejor que el anterior... ¡Y el helado! ¡¡Oh, DIOS MIO!!


En fin, que hace unas semanas preparamos esta receta en clase y me animé a repetirla en casa, con mi preciosa albahaca, una botella de vino, el sol inundándolo todo desde la ventana y sintiéndome en mitad de la Toscana.



Gnoquis al Pesto (2 Pax)

- 1/2 Kg Patatas
- 150 g Harina
- 1/2 Huevo
- 1/4 Cdta. Nuez moscada
- 2 Dientes de Ajo
- Un manojo de hojas de Albahaca, al gusto
- 100 g Piñones
- 100 ml AOV
- 60 g Queso Parmesano
- Pizca de sal


 - Lo primero es poner a cocer las patatas durante al menos 45 minutos. Después, en caliente, las pelamos y las pasamos por el pasapuré.



- Añadimos el huevo, un poco de sal, la nuez moscada y la harina.



- Amasamos hasta que esté bien integrado. Yo usé harina de fuerza porque no tenía otra pero sale mejor con harina normal. Si os queda demasiado pegajoso podéis añadir un poco más.



- Hacemos los cilindros todos iguales y les damos forma con un tenedor.

- Los escaldamos en agua hirviendo con un poco de sal hasta que salgan flotando a la superficie. Los escurrimos y los mezclamos en seguida con el pesto para que se impregnen bien.

- Para hacer el pesto solo hay que majar los ajos, los piñones, la sal y la albahaca con un mortero e ir incorporando aceite hasta darle la consistencia deseada.


- Yo lo hice con la batidora y también sale muy bien.


Son riquísimos y los podéis preparar con otras salsas como la bolognesa o simplemente con un poco de aceite de oliva y ajo picado.


Espero que os gusten, los preparéis en casa y os transporten a la Bella Italia también a vosotros.


¡Nos vemos pronto!


¡Besos dulces!

Boira