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viernes, 4 de noviembre de 2016

Tiempo de setas

Siempre me ha gustado leer. Desde pequeña esta afición creció conmigo y yo con ella, rodeada de libros. Con ellos he vivido cantidad de aventuras, he viajado, soñado y he crecido hasta convertirme en la persona que soy ahora.
Uno de los primeros libros que me regalaron fue Veva, de Carmen Kurtz, que aún conservo con gran cariño.

Pero antes de ese, mis padres ya me leían una gran variedad de cuentos clásicos antes de ir a dormir: Los tres cerditos, Caperucita Roja y El gran libro de fábulas de Esopo abrieron mi mente y me enseñaron muchas cosas muy útiles a pesar de mi corta edad.

Muchos de esos cuentos transcurren en bosques, más o menos oscuros o floridos. Y, a pesar de vivir en un pueblo con digamos bastantes zonas verdes, los bosques siempre me han llamado especialmente la atención. De niña los dibujaba, ubicaba allí los juegos de mis muñecos y hasta soñaba con ellos.

Uno de los seres más típicos y que siempre busqué de pequeña son los gnomos. Seguramente lo más jóvenes no lo recuerden, pero los que rondéis la treintena, como yo, tendréis un recuerdo muy vívido en la cabeza del genial David el Gnomo. Aquella serie de dibujos animados nos transportaba al interior de los bosques más profundos, con toda su magia y su naturaleza en su esplendor.


Aquél pequeño y a la vez gran personaje nos dio lecciones de todo tipo y nos enseñó valores como a respetar a los animales y a la naturaleza. Con todos mis respetos y a pesar de que pueda parecer octogenaria, ya no se hacen dibujos animados como los de antes.


El caso, que os cuento todo esto porque es tiempo de setas. Y yo pienso en setas y en seguida me viene a la cabeza David el Gnomo y todos aquellos cuentos clásicos y series de televisión que transcurrían en bosques, entre árboles, ríos, criaturas mágicas y boletus de todas clases.

La receta que hoy os propongo es un risotto de setas, un plato delicioso, muy de esta época y además uno de mis favoritos.



Risotto de Setas (2 pax)


- 180 g Arroz Arborio
- 1 L Caldo de verduras
- 150 g Champiñones
- 150 g Setas Portobello
- 100 g Cebolleta
- 75 g Mantequilla sin sal
- 50 g Parmesano
- 100 ml Vino blanco
- 2 dientes de Ajo
- AOV
- Sal y pimienta negra


- Lo primero es limpiar bien las setas y los champiñones y cortarlos en rodajas. Hacemos lo mismo con los ajos.


- En una sartén con un fondo de aceite de oliva caliente, doramos los ajos con cuidado de no quemarlos y añadimos las setas. Salpimentamos. Poco a poco irán perdiendo agua; cuando este reduzca, las apartamos del fuego y reservamos.


 - Ponemos el caldo de verduras a calentar y mientras tanto pelamos y picamos fino la cebolleta.

- En una cacerola grande ponemos 50 gramos de mantequilla y dos cucharadas de AOV. Cuando esté caliente, pochamos la cebolleta a fuego lento, removiendo de vez en cuando.


- Una vez la tengamos pochada, añadimos el arroz de golpe, rehogamos bien y añadimos el vino blanco. Con el fuego fuerte, removeremos constantemente para que se evapore el alcohol.


- Incorporamos las setas.


- Es el momento de añadir el caldo caliente poco a poco: echamos un par de vasos y removemos bien. Cuando se evapore repetimos la operación hasta que el arroz esté listo. Depende de la marca y del tipo de arroz puede tardar entre 18 y 25 minutos. El resultado es un arroz cremoso, nada duro pero tampoco pasado.


- Apartamos del fuego y añadimos el resto de la mantequilla y el parmesano.



¡Y ya tenemos listo nuestro delicioso risotto de setas!


Como veis, es un plato vegetariano, muy rico y sano.


Acompañadlo con una buena botella de vino y disfrutad del otoño en vuestra boca.


Me despido ya. ¡Que disfrutéis del fin de semana!

¡Besos dulces!

Boira

jueves, 23 de junio de 2016

Summertime!

El verano ha llegado.
Es tiempo de helados, de acostarse tarde, de dejarse llevar por un rato de siesta después de comer.
Son días de calor, piscina, de mucho sol.
Noches de terrazas, de salir a tomar el fresco, de buscar perseidas.
Es momento de preparar las soñadas vacaciones, de organizar quedadas y escapadas, planes con amigos. Es momento de soñar.

 
Y, como con tantas otras cosas, para mi lo mejor del verano es esto: vislumbrarlo en todo su esplendor, pensar en todo lo que queda por delante y en lo mucho que vamos a hacer durante sus noventa días y noventa noches.
Ya lo dijo Elvira Lindo, o más bien su alter ego, Manolito Gafotas en el que es sin duda la saga de libros de mi infancia y de mis veranos:

"... y la primera noche del verano más largo de mi existencia, porque todavía no había gastado ni uno sólo de sus días. Como un helado al que ya le has roto el papel y lo admiras un momento antes de atreverte a pegar el primer mordisco."


Esta noche se celebra San Juan en gran parte del país. Los pueblos de costa lo dan todo en la que es la fiesta por antonomasia de bienvenida al verano, una noche para pasar en la playa, rodeados de amigos, junto a las hogueras, con el mar y las estrellas como horizonte de un verano lleno de posibilidades.


Y por eso quería traeros la primera receta del verano. Es una receta muy especial, uno de los sabores que me acompañan desde niña y sin duda está asociada a recuerdos muy bonitos que tengo de los veranos de mi vida. Mis padres nos llevaron a muchos sitios aquellos años, algunos de ellos a rastras porque estábamos hartos de ver "piedras viejas". Pero a mi sin duda lo que más me gustaba era ir al pueblo. Allí íbamos a la playa cada día, por la tarde tocaba piscina y cada noche salíamos en peregrinación a tomar un delicioso helado en Los Jijonencos, a dar de comer a los peces en el puerto y a tomar el fresco del mar. No era nada especial, pero yo no podía ser más feliz.


Cada día, al volver de la playa, pasábamos por una panadería a comprar el pan y mi madre siempre saciaba nuestro voraz apetito con una coca de anchoa como la que os traigo que devorábamos entre mi hermano y yo.


Bueno, ahora soy mayor y sigo yendo a mi querida Moraira tanto como puedo. Y es inevitable buscarnos en Los Jijonencos, en la playa, entre las demás familias, entre las cada vez más abarrotadas calles y en el sabor de una coca de anchoa después de un día de playa.


Coca de Anchoas

- 250 ml Agua
- 25 g Levadura Fresca o de panadero
- 500 g Harina de Trigo
- 120 ml Aceite de Oliva
- 1 Cdta. de Sal
- 1 Lata de Anchoas


- Lo primero es templar ligeramente el agua en el microondas. En ella disolvemos la levadura.


- En un bol grande ponemos la harina, el aceite y la sal y añadimos la levadura disuelta en agua.


- Mezclamos bien con las manos y después amasamos un poco sobre la encimera. No hace falta que añadáis más harina, no se pegará. Debe quedar elástica y algo grasienta. Dejamos fermentar en un lugar cálido hasta que doble su volumen.


- Después la estiramos con las manos sobre una bandeja con papel de horno. Yo he cortado la masa y hecho dos. La dejamos fermentar otro rato.


- Pasada media hora más o menos, hacemos marcas con los dedos que deberán mantenerse. Añadimos más aceite por encima y colocamos las anchoas a nuestro gusto. Espolvoreamos también un poco de sal.



- Horneamos entre veinte y treinta minutos a 180º con el horno precalentado. Debe quedar ligeramente dorada pero sin pasarnos.

Y ya tenemos nuestra deliciosa coca de anchoas. Como veis es súper fácil de hacer, rápida y está buenísima.


Es perfecta para tomar con cualquier plato o sola, como merienda o para saciar el apetito que nos da la playa o la piscina.


Espero que la preparéis en casa y os guste tanto como a mi.


Dentro de nada nos vemos con más recetas estivales.


¡A comernos el verano!


¡Besos dulces!

Boira

domingo, 4 de octubre de 2015

La Paella de los Domingos


¡Buenas!

¿Qué tal habéis amanecido este nublado Domingo? ¿Resacosos o sois de los que aprovecháis el día?

Yo suelo aprovechar los Domingos para disfrutar de mi casa, de las pequeñas cosas que entre semana no tienen cabida y también para prepararlo todo para la semana: comida, lavadoras, plancha…

¡Y aún así lo disfruto como la que más! ¡¡Soy una ermitaña!! ¿Os lo había dicho?

Por cierto, este pasado miércoles fue el último taller que impartí en Ikea, esta vez en La Gavia. Salió todo genial, la gente encantada con las magdalenas que, ahora si, os prometo subiré la receta también aquí. Desde este pequeño espacio quiero aprovechar para dar las gracias a todos los que me  habéis apoyado, acompañado y formado parte de esta aventura que ha resultado tan buena y tan especial. Siempre la recordaré con mucho cariño, ¡gracias!


La receta que os traigo hoy suele ir asociada al domingo, al menos en mi familia, y suele ser la excusa para juntarnos todos. La paella es un plato que se hace en fin de semana y rodeados de gente querida.


En casa siempre ha sido responsabilidad de mi madre aunque no se muy bien por qué, una vez hecha, todo el mundo se ve con la capacidad de opinar al respecto: “le han faltado cinco minutitos más” “se te ha pasado un poco, eh...” “uy, me parece que te has pasado con la sal...”



Lo que posiblemente mucha gente no sabe es que las paellas... ¡nunca salen igual! Es más, son bastante traicioneras. La primera que hice en casa fue un éxito arrollador y ahí me confié: ¡Ya sé hacer paellas!, dije con orgullo.

Y con toda mi confianza a rebosar, invité a amigos a casa. Digamos que salió comestible…


 El caso es que no ha sido sino hasta hace unos meses que empecé a preparar paellas (hasta entonces siempre las hacía mi madre…) y fue en la escuela de hostelería. En el último mes del curso pasado preparamos un montón, ¡algunas incluso para centenares de personas! Acompañada de expertos, siguiendo sus pasos y las cantidades que me indicaban parecía un camino de rosas.
Paella Fundación Juanjo Torrejón
Ahora, unas cuantas más después hechas yo sola, en casa, me doy cuenta de que hay que tener mano, paciencia y el convencimiento de que, si esta no sale demasiado bien, ¡la próxima seguro saldrá mejor!


Y sin más dilación, os presento mi versión, una paella de lo más íntima, para hacer en casa, sin manchar demasiado, en una pequeña sartén, con la que coger experiencia, confianza y por supuesto disfrutar de un arroz cuando te apetezca, no solo los domingos…


Paella Para Dos

- 200 g Arroz
- 1 L Caldo
- ½ Pollo
- ½ Pimiento Rojo
- 1 Tomate maduro
- 2 Dientes de Ajo
- ½ Cdta. Pimentón Dulce
- Aceite de Oliva


- El pollo debéis pedirlo troceado para paella o bien trocearlo vosotros en casa. Yo suelo comprar uno entero y congelo la mitad para la siguiente paella. Lo freímos en aceite caliente hasta que esté bien dorado.


- Añadimos en el medio el pimiento y el ajo. Sofreímos unos minutos con el fuego un poco más bajo.


- Retiramos la sartén del fuego y añadimos media cucharadita de pimentón. Removemos un poco y volvemos a poner al fuego. Pasados un par de minutos añadimos el tomate. Volvemos a subir el fuego para que reduzca.


- Añadimos el caldo y un poquito de colorante. Yo suelo comprarlo hecho, de pollo y verduras pero también podéis quitar el pollo, añadir unas judías verdes, por ejemplo, y el caldo de verduras y conseguir una deliciosa paella vegana.


- Cuando el caldo rompa a hervir, probamos cómo va de sal y corregimos. Entonces añadimos el arroz y ya no lo tocamos ni removemos. Los valencianos lo echan haciendo una cruz a lo largo de la paella. Sí, digo paella, porque es así como se llama el recipiente donde se hace el arroz. La paellera en realidad es la persona que la elabora, ¿lo sabíais?


Se supone que tarda veinte minutos a fuego medio pero os recomiendo que lo probéis antes de apagar el fuego. Una vez esté de vuestro gusto, taparlo con un paño de cocina limpio y esperar unos diez minutos más para que repose.


¡Buen provecho!

¡Espero que os animéis a prepararlo cualquier día de la semana y por supuesto que disfrutéis el Domingo!



¡Besitos!

Boira