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jueves, 5 de enero de 2017

El peor día de mi vida. Parte II

Como si de una película romanticona se tratase, cuando salimos de la estación un taxi estaba esperándonos con la luz verde encendida.

No quise pensar demasiado. Cuando me di cuenta llevábamos casi diez minutos de camino. A los nervios propios de la entrevista tuve que sumarles los de la mañana caótica y estresante con que había decidido deleitarme aquél día, el sudor frío que empapaba ligeramente mi camiseta bajo la chaqueta tras la infructuosa carrera y el magnético olor corporal que mi improvisado compañero de viaje emanaba. Feromonas que hacían del aire de aquél vehículo un espacio pegajoso, húmedo y caliente.

No me puedo creer que me haya hecho esto..., gruñó mientras resolvía una y otra vez un cubo de Rubik entre sus enormes manos.

Rió amargamente con la mochila rosa, de Dora la Exploradora, sobre sus rodillas.

Mi compañero de piso, de carrera y de tesis tiene un sentido del humor cojonudo. Eso y muy mal perder.

Le miré sin comprender, observando su rostro con vistazos fugaces, haciendo con ellos un puzzle en mi cabeza de aquél ser que podría haber salido perfectamente de una revista de moda o alguna serie de televisión para adolescentes.

Me llamo Alejandro.

Raquel.

El camino hasta el centro de Madrid fue un verdadero calvario. Además del consabido atasco propio de las ocho de la mañana, algo más debía haber ocurrido, un accidente quizás, porque de repente no dejaban de pasarnos atronadoras ambulancias de todo tipo, coches de policía, bomberos y guardia civil cuando nos aproximábamos al centro.


Está claro que no vamos a llegar a tiempo, murmuró dibujando con el dedo en el cristal empañado de la ventana.

Este es el peor día de mi vida...

A lo mejor te gano; cuéntame tu historia.

Con más pena que vergüenza, riéndome de mis propias torpezas, le fui contando todos los pormenores que me habían ocurrido a lo largo del día, mientras él también reía de vez en cuando y asentía con comprensión en otros momentos.

Si realmente es la oportunidad de tu vida, llegarás a tiempo y te harán la entrevista.

No voy a llegar a tiempo.

Lo que quiero decir es que puede que te cojan o no.

Vaya, gracias por tus ánimos..., reí.

Si no lo hacen no será la oportunidad de tu vida. La de verdad, la buena, vendrá más adelante, en otra ocasión. Otro día en que el despertador sonará y todo te saldrá redondo. 

Y le creí. Cómo no hacerlo con aquella sonrisa, con esos ojos brillantes y esa voz capaz de derretir los polos. Y una enorme paz me invadió, relajándome por momentos en el asiento del taxi, dejándome llevar por la suerte, el azar o lo que fuese que me hubiese llevado hasta aquél lugar, aquél extraño día, con aquél muchacho que me decía que los trenes pasan a diario, pero que no todos nos llevan a donde queremos.

El taxista bajó el volumen de su radio, nos miró a través del retrovisor y volvió a perder la mirada en el tráfico.

¿Ocurre algo?

Vamos a tener que cambiar de ruta; el centro está cortado y la M-30 está colapsada en sentido sur.

¿Qué es lo que pasa?, volví a preguntar.

¿Y en sentido norte?, preguntó mi compañero.

Sí, por ahí tenemos que ir, no queda otra.

No volvió a despegar los labios en el resto del trayecto.

Ahora me toca a mi, ya verás como mi día es aún peor que el tuyo. Me dirijo a la Complutense para hacer el último examen de mi carrera.

¿Qué estudias?

Física. Ya, ya lo sé, no me pega nada, pero me encanta. El caso es que Dario, mi compañero de piso y de carrera, es mi mejor amigo, o al menos eso pensaba yo. Entre los dos diseñamos un proyecto para el concurso nacional universitario del ciencias aplicadas y.. ganamos. Entonces empezaron los problemas.

¿Por qué?

Pues verás, lo cierto es que... para costearme la carrera, he trabajado puntualmente como modelo de publicidad. Apenas tres o cuatro campañas de moda han sido suficiente para no tener que depender de mis padres.., murmuró con cierta vergüenza.

Pero eso está muy bien, ¿cuál es el problema?

Cuando ganamos el concurso, no sé cómo, los medios de comunicación que cubrían el evento se enteraron de mis pinitos como modelo y quisieron sacarle punta al asunto, ya sabes: chico modelo y cerebrito, la típica noticia de sobremesa que gusta tanto.

Y tu amigo se molestó...

Él me dijo que no pero yo creo que sí. Al final acabaron haciendo reportajes absurdos sobre mí y apenas dijeron dos palabras sobre lo que habíamos conseguido, acerca del premio o sobre el propio Dario...

Entiendo..

Yo le dije que lo sentía, que no tenía obviamente intención de que ocurriese nada de esto... Pero se cabreó mucho y con razón. El resultado es este: me ha apagado el despertador, me ha escondido mi bolsa, donde llevo todas mis cosas que, no te rías, pero es algo así como mi talismán, no voy a ningún sitio sin ella, y me ha dejado esto en su lugar, gruñó mostrándome la mochila de niña pequeña que llevaba con resignación.

No te queda mal..., reí intentando quitarle hierro al asunto.

Él ha cogido el tren; seguro que ya ha llegado a la universidad y que va a clavar el examen, se lamentó.

¿No tienes recuperación?

Sí, claro, pero si no lo apruebo ahora perderé la beca que ganamos con el premio del concurso de ciencias: un año de investigación a gastos pagados en una universidad americana...

Joder...

Creo que tengo derecho a decir que este es el peor día de mi vida y que es peor que el tuyo...

No quise rebatirle. En realidad le hubiese dado la razón aunque me hubiese jurado que la tierra es plana.

Siguiendo tu propio consejo, si pierdes este tren, llegará otro para ti, el bueno, más adelante.

Disculpa, Raquel, pero te he dado un consejo de mierda... 

Reímos los dos, sin mucho más que hacer, impotentes en aquél taxi que se movía a cámara lenta, compartiendo mala suerte y lamentándonos del peor día de nuestras vidas.

Cerca de las diez de la mañana, casi una hora tarde, llegamos al edificio donde tenía lugar la entrevista. Hicimos un rápido cálculo y le di una parte del dinero de lo que marcaba el taxímetro mientras nos despedíamos.

Que tengas suerte.

Lo mismo te digo, falta nos hace a los dos. Aunque no dejo de pensar que, si este es el peor día de mi vida, en el fondo no está tan mal.

¿Ah, no? ¿Y eso?

Este viaje lo ha mejorado un poco, bastante, en realidad. A lo mejor no es el peor, después de todo...

Yo pienso igual; ha ido mejorando por momentos..., murmuró con una sonrisa que me hizo temblar las piernas. Con un poco de suerte, puede que hasta le perdone la vida a Dario...

¿En serio?

De no ser por él no habría perdido el tren. 

Rebuscó en la pequeña mochila hasta dar con un rotulador indeleble. Con él apuntó su número de teléfono en la cara blanca del cubo de Rubik. Lo colocó entre mis manos y las cerró en torno al juguete con las suyas.

¿Qué vas a hacer sin esto?, le pregunté.

Tengo más, sonrió con calidez justo antes de volver a meterse en el taxi.

Se marcharon entre el bullicioso tráfico y yo eché a correr con el corazón a mil por hora, con una gran sonrisa que no conseguí borrar de mi cara ni cuando Laura, la chica de recursos humanos, se sorprendió de verme a esas horas.

Creía que ya no ibas a venir, la verdad, murmuró con seriedad. ¿Y ese cubo de Rubik?

Te pido disculpas, he tenido una mañana horrible. Hasta hace dos minutos creía que este era el peor día de mi vida pero...

Sí, lo sé, Madrid está colapsada.¿Cómo has llegado? Creí que me dijiste que vendrías en tren..

Lo he perdido y he cogido un taxi.

¿Has perdido el tren?, preguntó alarmada.

Sí.

¿Qué tren?

El de Guadalajara, la línea C2. Lo he perdido delante de las narices, además, el conductor no ha querido abrirme las puertas, reí entonces, recordando mi suerte

¡Oh, Dios mío, Raquel!

No pasa nada. La verdad es que lo que ha ocurrido después ha sido...

¡Te has salvado de milagro, te das cuenta!, exclamó con cara de terror.

¿Cómo?

¡El atentado! ¿Es que no te has enterado?

Mi cara de perplejidad contrastaba con el terror que se reflejaba en su rostro.

¿De qué estás hablando?

Me cogió de la mano y me guió hasta una sala donde un puñado de empleados contemplaban la televisión, entre compungidos y aterrados. El especial informativo mostraba cómo habían quedado los vagones de algunos de los trenes, destrozados, calcinados, y cómo decenas de voluntarios y trabajadores de los servicios de emergencias evacuaban a heridos de todas clases, alejándoles de aquél horror del que por un guiño del destino me libré en el que creía había sido el peor día de mi vida.

Veinte minutos más tarde salí de allí sin haber hecho la entrevista, dadas las circunstancias, pero con cita para llevarla a cabo otro día. Estaba como flotando, las piernas caminaban despacio casi por inercia, sin saber a dónde iban. El aire fresco de aquella mañana gris me arañaba la piel de la cara, resecando mis labios y atrayendo lágrimas a mis ojos, que lloraban sin saber muy bien por qué lo hacían.

Me senté en un banco de madera, justo al lado de donde me había apeado del taxi. Durante unos minutos vi pasar a la gente, sin ver. Sentada allí me pregunté por primera vez lo que vino a mi cabeza miles de veces.

Me había salvado.

La vida me daba una segunda oportunidad.

Pero, ¿por qué?

Mi destino era entrar en ese tren. De haberlo hecho...

Entre mis manos apretaba con fuerza el cubo de Rubik que Alejandro me había dado. Su número reposaba con tinta negra en una de las caras y pensé en él, en si se habría enterado ya y en si se sentiría igual de afortunadoegoístaaliviadoconfusoymal que yo.

Como si aquél juguete tuviese poderes mágicos, un taxi frenó de golpe frente a mi. De su interior apareció el dueño del cubo y objeto de mis pensamientos. Alejandro, con la cara algo desencajada, me vio en seguida, corrió hacia mi, se arrodilló y me abrazó con todo su cuerpo.


La vida empezaba de nuevo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Tiempo de setas

Siempre me ha gustado leer. Desde pequeña esta afición creció conmigo y yo con ella, rodeada de libros. Con ellos he vivido cantidad de aventuras, he viajado, soñado y he crecido hasta convertirme en la persona que soy ahora.
Uno de los primeros libros que me regalaron fue Veva, de Carmen Kurtz, que aún conservo con gran cariño.

Pero antes de ese, mis padres ya me leían una gran variedad de cuentos clásicos antes de ir a dormir: Los tres cerditos, Caperucita Roja y El gran libro de fábulas de Esopo abrieron mi mente y me enseñaron muchas cosas muy útiles a pesar de mi corta edad.

Muchos de esos cuentos transcurren en bosques, más o menos oscuros o floridos. Y, a pesar de vivir en un pueblo con digamos bastantes zonas verdes, los bosques siempre me han llamado especialmente la atención. De niña los dibujaba, ubicaba allí los juegos de mis muñecos y hasta soñaba con ellos.

Uno de los seres más típicos y que siempre busqué de pequeña son los gnomos. Seguramente lo más jóvenes no lo recuerden, pero los que rondéis la treintena, como yo, tendréis un recuerdo muy vívido en la cabeza del genial David el Gnomo. Aquella serie de dibujos animados nos transportaba al interior de los bosques más profundos, con toda su magia y su naturaleza en su esplendor.


Aquél pequeño y a la vez gran personaje nos dio lecciones de todo tipo y nos enseñó valores como a respetar a los animales y a la naturaleza. Con todos mis respetos y a pesar de que pueda parecer octogenaria, ya no se hacen dibujos animados como los de antes.


El caso, que os cuento todo esto porque es tiempo de setas. Y yo pienso en setas y en seguida me viene a la cabeza David el Gnomo y todos aquellos cuentos clásicos y series de televisión que transcurrían en bosques, entre árboles, ríos, criaturas mágicas y boletus de todas clases.

La receta que hoy os propongo es un risotto de setas, un plato delicioso, muy de esta época y además uno de mis favoritos.



Risotto de Setas (2 pax)


- 180 g Arroz Arborio
- 1 L Caldo de verduras
- 150 g Champiñones
- 150 g Setas Portobello
- 100 g Cebolleta
- 75 g Mantequilla sin sal
- 50 g Parmesano
- 100 ml Vino blanco
- 2 dientes de Ajo
- AOV
- Sal y pimienta negra


- Lo primero es limpiar bien las setas y los champiñones y cortarlos en rodajas. Hacemos lo mismo con los ajos.


- En una sartén con un fondo de aceite de oliva caliente, doramos los ajos con cuidado de no quemarlos y añadimos las setas. Salpimentamos. Poco a poco irán perdiendo agua; cuando este reduzca, las apartamos del fuego y reservamos.


 - Ponemos el caldo de verduras a calentar y mientras tanto pelamos y picamos fino la cebolleta.

- En una cacerola grande ponemos 50 gramos de mantequilla y dos cucharadas de AOV. Cuando esté caliente, pochamos la cebolleta a fuego lento, removiendo de vez en cuando.


- Una vez la tengamos pochada, añadimos el arroz de golpe, rehogamos bien y añadimos el vino blanco. Con el fuego fuerte, removeremos constantemente para que se evapore el alcohol.


- Incorporamos las setas.


- Es el momento de añadir el caldo caliente poco a poco: echamos un par de vasos y removemos bien. Cuando se evapore repetimos la operación hasta que el arroz esté listo. Depende de la marca y del tipo de arroz puede tardar entre 18 y 25 minutos. El resultado es un arroz cremoso, nada duro pero tampoco pasado.


- Apartamos del fuego y añadimos el resto de la mantequilla y el parmesano.



¡Y ya tenemos listo nuestro delicioso risotto de setas!


Como veis, es un plato vegetariano, muy rico y sano.


Acompañadlo con una buena botella de vino y disfrutad del otoño en vuestra boca.


Me despido ya. ¡Que disfrutéis del fin de semana!

¡Besos dulces!

Boira

lunes, 11 de abril de 2016

Fuera del cuerpo

Llevo unos días sintiéndome fuera del cuerpo.
Una pompa de jabón vuela sin rumbo y acaba estrellándose aparentemente por azar contra mi brazo. El por qué de las cosas.


Aquí, en el Mirador de Europa, mi lugar favorito de Nerja por el momento, todo tiene un ritmo distinto, otro color, miles de caras diferentes, una banda sonora nueva en cada calle y por supuesto otra luz.


Y el mar. Mi querido Mediterráneo que es al tiempo viejo amigo y rostro nuevo en estas playas aún vírgenes para mi.
Las gaviotas me guiñan los ojos y los turistas me piden que inmortalice imágenes que viajarán por todo el mundo, más pendientes de las pantallas que de coleccionar estos momentos en la retina, de donde nunca se borrarán, de donde nunca desaparecerán de los rincones más polvorientos de la memoria.
El horizonte se abre ante mi como una línea de meta retadora.
Has llegado hasta aquí. ¿Darás la vuelta o continuarás el camino? ¿Quieres saber dónde termina?


Llevo unos días sintiéndome fuera del cuerpo, acordándome mucho de una novela, Presentimientos, de la maravillosa Clara Sánchez. Y aunque me he adaptado a esto perfectamente, me muevo por Nerja como pez en el agua y las calles de esta nueva vida se hayan dispuesto como el escenario de esta nueva etapa, a veces no puedo evitar preguntarme si todo esto es real.
Si realmente es el sol el que calienta mis piernas desnudas, la brisa la que hace bailar mi pelo y el mar el que pone los límites.


Cuando te conviertes en una extraña dentro de tu propia vida, cuando dejas todo atrás y te descubres haciendo cosas nuevas, vistiéndote diferente, paseando por lugares distintos, es imposible buscar lo que queda de ti, de la tú de entonces, de la de hace una semana, de la que fuiste siempre o al menos creías ser.


Y aunque el horizonte sigue ahí, retador y misterioso, aunque no sepas dónde te llevará la vida, ya sabes que ésta experiencia te marcará para siempre. Aunque en ocho semanas regrese a la que era yo, una parte de Nerja, de la que soy aquí, ya no me dejará nunca.

domingo, 17 de enero de 2016

Último viaje a Hogwarts

El pasado lunes retomamos las clases y la verdad es que ha sido una semana de altibajos. En honor a la verdad he de decir que es la tercera vez que rehago este post. He tenido varios problemas, cosas que se tuercen, imprevistos, etc. De ahí la tardanza en publicar que no es habitual en mi. Yo os iba a hablar del instituto, de que hemos empezado la segunda y última evaluación. El último trimestre lo pasaremos haciendo las prácticas en las empresas por lo que en realidad no nos queda casi nada de curso. Siempre que vuelvo y empezamos nuevo trimestre me siento como si regresase a Hogwarts.


Por eso el título del post. Y aunque sé que volveré por el instituto cantidad de veces después de esto, cada día que pasa me acerca más a la terrible despedida que antes o después llegará. No puedo evitar que me entristezca profundamente pero también quiero pensar que otras cosas muy buenas vendrán después. No quiero despertar cada día sufriendo porque esto se acaba, quiero acostarme cada noche sabiendo que he disfrutado al máximo.


Demasiadas cosas tristes pasan cada día en el mundo. Como por ejemplo la pérdida del gran Alan Rickman, al que siempre he admirado y que me ha afligido especialmente. Lo que os decía una semana de contrastes llena de emociones de todo tipo.

Always...

Y hablando como os decía de Hogwarts y el universo Harry Potter, que creo no os lo había dicho antes, me enloquece, me ha dado por pensar qué comerían un día cualquiera en la escuela de magia y hechicería más famosa del mundo. Yo aún no he visitado el Reino Unido pero estoy deseando hacerlo y probar toda la comida típica de allí. Hay quien dice que los británicos no saben cocinar y que si no fuese por la tan abundante comida india que allí se consume morirían de hambre.


Yo no creo que sea para tanto y, quizás los tengo alzo idealizados por la cantidad de literatura en la que me sumerjo con tanto placer, pero estoy loca por tomar el en el Ritz, probar mogollón de scones, tartas y cupcakes y darles una oportunidad a los platos y guisos más tradicionales.


Amigos ingleses, desde aquí os animo a defender vuestra gastronomía. Si es preciso me ofrezco voluntaria para ir y hacer un estudio a fondo sobre el tema.

Esta soy yo 9 de cada 10 veces que cocino

Finalmente me he decantado por algo típicamente inglés acompañado de algo realmente friki. Esta receta está dedicada para todos aquellos que nos hemos quedado huérfanos sin nuestro querido Profesor Snape.



Cerveza de Mantequilla y Pastas de Té

- 1 L Cerveza Negra
- 150 g Azúcar
- 4 Yemas
- 30 g Mantequilla
- 1 Cdta. Esencia de Vainilla
- 1/2 Cdta. Jengibre en polvo
- 1/2 Cdta. Nuez moscada
- 4 Clavos de olor


- Reservamos 100ml de Cerveza y el resto la ponemos a cocer a fuego medio junto con las especias.


- Por otro lado batimos las yemas con el azúcar y la vainilla.


- Pasados 5 minutos retiramos la cerveza del fuego y añadimos esta mezcla. Batimos hasta que se mezcle bien y ponemos de nuevo al fuego a baja potencia.


- Añadimos la mantequilla y mezclamos bien hasta que esté todo homogéneo.

- Por último, justo antes de servirla, batimos la cerveza que hemos reservado para hacer espuma y lo ponemos por encima.


- 400 g Mantequilla
- 200 g Azúcar Glacé
- 1/2 Cdta. Sal
- 1 Cdta. Esencia de Vainilla
- 2 Huevos
- 125 ml Leche
- 550 g Harina


- Lo primero es ablandar la mantequilla en el microondas durante unos segundos en el modo "descongelar" para que quede bien blandita pero no derretida.


- Lo ponemos en la batidora o bien batimos a mano: incorporamos el azúcar tamizado, la sal y la vainilla.

- Cuando esté bien integrado añadimos los huevos de uno en uno a ser posible a temperatura ambiente y después la leche tibia.


- Puede parecer que se corta pero vosotros seguid batiendo que al final se arregla. Si veis que le cuesta admitir la leche podéis añadir una cucharada de harina para ayudarle.

- Por último añadimos la harina tamizada de golpe y batimos a velocidad baja lo justo para que se integre todo bien.


- Ponemos la mezcla en una manga con boquilla rizada del número 12 y tiramos las pastas sobre una bandeja con papel de horno dándoles la forma que queráis.


- Horneamos a 180º durante 10 minutos o hasta que los bordes empiecen a dorarse ligeramente.

- Al sacarlas del horno las dejamos 5 minutos en la bandeja y luego las pasamos a una rejilla para que terminen de enfriarse.

Podéis tomarlas así, junto a un té o una maravillosa cerveza de mantequilla, o bien decorarlas como veis aquí.

Una opción muy buena es rellenarlas con mermelada, chocolate o dulce de leche y pegarlas de dos en dos.


Y si luego las bañáis enteras o por partes en chocolate fundido y las espolvoreáis con coco o almendra granillo no os digo más...


En fin, espero que os guste y lo preparéis en casa.


¡Nos vemos pronto!


¡¡Besos dulces!!


Boira